Simbad tiene un amigo al que va a visitar cada atardecer, un anciano que se llama como él y que ha sido marino. Cuando el anciano desaparece, el niño se pone muy triste hasta que, un día, descubre que lo que más le gusta a su maestro, Fadil, es escribir, y le pide que cuente la historia de su amigo.. Anaya. Zaragoza. Año 2000. 1ª edición
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